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La ilusión de control: cómo dejar de sostenerlo insostenible

  • María Isabel Parra
  • 15 jul 2025
  • 3 Min. de lectura

Creemos que liderar es tener el control. Pero lo que nadie nos dice es que esa ilusión de control es la primera que se rompe cuando el estrés entra por la puerta. Durante años, me convencí de que podía con todo: el cargo, las reuniones, los eventos, los hijos, el hogar, el futuro.

Hasta que un día el cuerpo habló. Y ya no hubo manera de seguir ignorando la verdad: no se puede controlar todo. Y, peor aún, intentar controlarlo desde la autoexigencia es justamente lo que nos quiebra.


La ilusión de control, trampa invisible

El mundo corporativo recompensa a quienes aparentan tenerlo todo bajo control. Y muchas de nosotras/os, en cargos de liderazgo, aprendemos a disimular el temblor en las manos, a maquillar el agotamiento, a respirar hondo y seguir.

Pero en esa exigencia sostenida, en esa carrera de fondo, hay una idea muy peligrosa: “yo puedo con esto”. Lo que no sabemos —o no queremos ver— es que el estrés no se deja controlar. Que intentar hacerlo solo alimenta al monstruo. Y que lo pagamos con lo más valioso: la salud, la familia, la conexión con quienes somos de verdad.

La ilusión de control es eso: una promesa falsa de seguridad que nos hace ir más allá de nuestros límites hasta que el cuerpo y la vida se rompen.

Mi historia: cómo cayó la ilusión de control

Durante muchos años fui una profesional reconocida, con visibilidad, cargos de responsabilidad y una agenda apretada. Creía que ser fuerte era sostenerlo todo sin mostrar grietas. Creía que si me organizaba mejor, si me esforzaba un poco más, podría seguir adelante. Hasta que no pude más.


Mi cuerpo fue el primero en rebelarse. Taquicardias, ansiedad, piernas inquietas, dolor de espalda. Una alerta tras otra. Fui a mi naturópata. Me miró con calma y me dijo: “María Isabel, el control es una trampa del ego”.

Esa frase me paralizó. Porque sí, vivía bajo esa trampa. Pensaba que, si dejaba de controlar, todo se vendría abajo. Pero la verdad era que ya se estaba cayendo todo, y yo no lo quería ver. Lo disfrazaba de eficiencia, de responsabilidad, de compromiso. Pero, en el fondo, era miedo.

ilusión de control

Semanas después, recibí una oferta laboral que, en teoría, era el sueño de mi carrera, la propuesta que cualquier ejecutiva ambiciosa habría aceptado sin pensarlo: “Si hoy te hacemos una propuesta, la que siempre has soñado, ¿qué responderías?... recuerda que es lo que siempre has soñado”.

Mi respuesta fue: “Debería revisarla con mi familia porque en casa tomamos las decisiones en función del bienestar de todos”.


Ese día renuncié a la ilusión de control. A la falsa seguridad. A esa forma de vivir que me alejaba de mí misma y de mi familia.


El mundo siguió girando. Mi familia no necesitaba una heroína. Me necesitaba viva. Me necesitaba presente. Con la boca abierta por una sonrisa, no cerrada por una prótesis.

Hoy no intento controlar el estrés. Hoy construyo una vida que no me lleve al límite, que no me empuje al colapso, que no me haga dudar de mí misma cada vez que algo se escapa de mis manos. Puedes leer mi historia completa en El valor de renunciar


Lo que puedes hacer hoy para soltar la ilusión de control

Si sientes que estás sosteniendo más de lo que puedes, si la ansiedad se ha vuelto parte de tu rutina, si estás cometiendo errores que no te representan, te propongo esto:


1. Reconoce la trampa del control. Admitir que no puedes con todo no es debilidad, es honestidad.

2. Habla con alguien de confianza. Romper el silencio es el primer acto de autocuidado.

3. Haz una pausa real. Cinco minutos. Una tarde. Un fin de semana. Lo que necesites, pero hazla.

4. Cuestiona tu definición de éxito. ¿Estás viviendo tu idea de éxito o la que te enseñaron?

5. Crea tus propias frases-verdad. Las que te devuelvan a ti y a tu verdad.


También te propongo que leas El valor de renunciar. Aprenderás muy bien qué es la


ilusión de control y cómo puedes librarte de ella.

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